martes, 27 de septiembre de 2016



“El Boom”



Origen

Durante la década de los sesenta se produce un fenómeno literario conocido como el “boom” de la narrativa hispanoamericana, que designa la gran cantidad de títulos que aparecieron en muy poco tiempo y se difundieron por todo el mundo. El “boom”, que supuso la difusión internacional de la literatura latinoamericana, se produce por dos razones:

- La industria española del libro intentaba recuperar el mercado hispanoamericano, que había perdido con motivo de la Guerra Civil en 1936. Algunas editoriales comenzaron a promocionar desde España a escritores hispanoamericanos;

- La revolución cubana, que triunfó en 1959, supuso para muchos de los escritores la revelación del camino que debían seguir sus propios países. Algunos de ellos (Cortázar, García Márquez…) se dedicaron a hacer campaña en favor de lo que estaba ocurriendo en Cuba, incluso después del endurecimiento político del régimen instaurado por Fidel Castro.



Periodo de oro


En resumen, el término “boom” hace referencia al éxito editorial que logró la narrativa hispanoamericana (en especial la novela) en el ámbito literario continental y mundial. 

Los autores adquirieron fama universal y dos de ellos fueron laureados con el Premio Nobel de Literatura: Miguel Ángel Asturias (en 1967) y Gabriel García Márquez (en 1982). Muchísimas obras de estos destacados autores han sido traducidas a las más importantes lenguas actuales.

Antes del boom, la literatura hispanoamericana había ofrecido un importante despliegue de obras de gran calidad en la poesía a través del modernismo.



En el ámbito narrativo será con el boom que la literatura hispanoamericana llegue a un “periodo de oro”. Las obras destacan por una notable calidad artística de la narrativa, tanto en contenidos temáticos cuanto en técnica narrativa. Oviedo manifiesta: “El «boom» fue, en primer lugar, una notable conjunción de grandes novelas a mediados de la década del sesenta y una revaloración de otras, no menos importantes, que habían sido soslayadas o leídas en distinto contexto. El boom funcionó como un imán que concentró la atención sobre un puñado de nuevos autores y sobre sus inmediatos maestros, creando así un diseño o mapa que redefinió nuestra literatura, especialmente la novela”



Oviedo señala que fueron tres los aspectos que provocaron la rápida difusión del boom:


1. Aparición y redescubrimiento de ciertos autores contemporáneos.

2. Surgimiento de una nueva y más amplia capa de lectores que suscitó un auge editorial adentro y fuera del continente.

3. Expectativa histórica despertada por la naciente Revolución Cubana.


Agrega Oviedo: “El boom ya no existe como tal […] pero los autores que lo configuraron ocupan todavía, con obras muy sólidas, el primer plano de la escena literaria, lo que era algo que pocos esperaban y que confirma que el fenómeno no fue tan pasajero”.

Mario Vargas Llosa dice respecto del boom: “Lo que se llama boom y que nadie sabe exactamente qué es -yo particularmente no lo sé- es un conjunto de escritores, tampoco se sabe exactamente quiénes, pues cada uno tiene su propia lista, que adquirieron más o menos simultánea en el tiempo, cierta difusión, cierto reconocimiento por parte del público y de la crítica. Esto puede llamarse, tal vez, un accidente histórico. Ahora bien, no se trató en ningún momento, de un movimiento literario vinculado por un ideario estético, político y moral”. Vargas Llosa ve el fenómeno del boom como un ”accidente histórico” y deja en un segundo plano el aspecto social y económico.


Por otro lado, Julio Cortázar argumenta que el boom fue un producto de las empresas editoriales y que lógicamente colaboró la aparición de un nuevo público lector y de su búsqueda de identidad: “¿Qué es el boom sino la más extraordinaria toma de conciencia por parte del pueblo latinoamericano de una parte de su propia identidad? ¿Qué es esa toma de conciencia sino una importantísima parte de la desalienación? […] Aparece, entonces, en estos últimos quince años, el hecho incontrovertible, innegable, de lo que se conoce como boom (es lamentable que para definirlo se hayan servido de una palabra inglesa). 


En el fondo, todos los que por resentimiento literario (que son muchos) o por una visión con anteojeras de la política de izquierda, califican el boom de maniobra editorial, olvidan que el boom (ya me estoy empezando a cansar de repetirlo) no lo hicieron los editores sino los lectores y, ¿quiénes son los lectores, sino el pueblo de América Latina? Desgraciadamente no todo el pueblo, pero no caigamos en las utopías fáciles. Lo que importa es que haya sectores que se hayan dilatado vertiginosamente y que hayan obrado el milagro increíble por el cual un escritor de talento de América Latina, que en los años 30 hubiera difundido con tremenda dificultad una edición de 2000 ejemplares (los primeros libros de Borges se vendieron a 500 ejemplares) de golpe se convierte en autor popular con novelas como Cien años de soledad o La casa verde o cualesquiera de las novelas que estamos leyendo y que ya se están traduciendo al mundo entero”.



Por su parte, Ángel Rama manifiesta que la difusión masiva del boom se debe al “avance de los medios de comunicación que no sólo se tipificó en los magazines sino marcadamente en el desarrollo de la televisión, los medios gráficos de la publicidad, el nuevo cine, también deben verse en relación a esas fuerzas transformadoras que generan su nuevo público y entre ellas es obligatorio reconocer la incidencia del aumento demográfico, del desarrollo urbano gracias a la evolución del terciario, del notorio progreso de la educación primaria y secundaria y, sobretodo, de la industrialización de la posguerra que enquistó en América plazas evolucionadas que reclamaban equipos más dotados que antes…” 



Estilo


§ Los narradores manifiestan la necesidad de renovar las formas expresivas. Los autores incorporan gran variedad de registros lingüísticos (como hace Vargas Llosa en Conversación en la Catedral) y experimentan también con los signos de puntuación (como García Márquez en El otoño del Patriarca) o con la coherencia del discurso (como Cortázar en algunos de sus cuentos). Por otra parte, los escritores acaban con la presencia del narrador único en la novela.

§ El monólogo interior y el estilo indirecto libre son las técnicas narrativas más usuales. A menudo se suprimen los marcadores formales: guiones, verba dicenci, etc. y se alternan los monólogos de distintos personajes.

§ Se rompe con la ordenación del espacio y del tiempo, como hace Juan Rulfo en Pedro Páramo.

§ Los narradores vierten en sus creaciones opiniones sobre lo que debe ser la novela. Los autores introducen en la narración materiales de distinta procedencia: periódicos (como Cortázar en El libro de Manuel), radio (como Vargas Llosa en La tía Julia y el escribidor), cine (como Manuel Puig en El beso de la mujer araña).

§ El sexo es un tema que está muy presente en las novelas. Prensente en libros como en Rayuela o la zoofilia en La ciudad y los perros.

§ Los escritores pretenden romper con la sociedad actual y su sistema de valores. Es frecuente que creen espacios míticos, como el Macondo en Cien años de soledad. En otras ocasiones, se mitifican espacios reales conocidos, como los burdeles en La casa verde, de Vargas Llosa, o el hogar familiar en La casa de los espíritus, de Isabel Allende;

§ El escritor narra desde el yo. A veces, el yo se puede desdoblar en varias personalidades, como en el relato de Borges titulado “El otro”.

§ En mayor o menor medida, los narradores cuestionan la hegemonía de lo real. Buscan lo fantástico(como Borges en sus relatos), lo mágico (como García Márquez en Cien años de soledad), lo absurdo (como Cortázar en sus cuentos), lo exagerado (como Cabrera Infante en Tres tristes tigres) o el humor (como Vargas Llosa en Pantaleón y las visitadoras).





Realismo Mágico




El realismo mágico es un modo de narrar en el que lo prodigioso forma parte inseparable de la realidad. Los países hispanoamericanos pertenecen a una sociedad rural y preindustrial en la está muy presente el componente mítico del pensamiento humano. La novela reflejará las desigualdades de la pirámide social: los problemas sociales se van a centrar en la situación del indígena, por ello, es la novela indigenista. Los autores más importantes del boom son:Julio Cortázar: su novela Rayuela(1963) fue una conmoción, por su complejidad estilística y por su singular composición. En obras posteriores, Cortázar deja traslucir a veces su atención por los problemas de nuestro tiempo, pero desde una posición ideológica tan revolucionaria con las luchas sociales y políticas como su posición estética. Así ocurre en La vuelta al día en ochenta mundos. 



Gabriel García Márquez






Su obra Cien años de soledad(1967) se considera la obra clave del boom. La novela recoge, a manera de síntesis, todos los elementos de la narrativa americana: la naturaleza, los problemas sociales y políticos o las realidades humanas más elementales; pero todo ello traspasado por lo lírico y lo mágico, y perfectamente hilvanado en la historia de la familia Buendía y del poblado de Macondo. El autor relata, a través de una magistral exhibición de recursos, la génesis de Macondo y su apocalíptica destrucción. La novela es un ejemplo perfecto de realismo mágico: hay una ausencia de fechas históricas pero se mencionan años y meses específicos; la caracterización de los personajes también es propia de esta tendencia: son únicos y a la vez arquetípicos. La producción narrativa de García Márquez sigue creciendo con obras como Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera y otras.